Oneida Fraga Moreno tenía 17 años cuando el 22 de abril de 1960 Fidel hiciera el primer llamado a jóvenes cubanos para convertirse en maestros voluntarios. Pero ella, que estudiaba el segundo año en la escuela de maestros primarios de Matanzas, no se emocionó mucho con la idea, porque creía que su papá no la iba a dejar.
La penúltima de doce hijos, con unos padres relativamente viejos y que habían sufrido la muerte de su hermano René (Fraga Moreno) a manos de la tiranía de Bastista en 1958, Oneida y su hermana más pequeña no sabían qué hacer.