Hace unos meses, en pleno pico de la pandemia de Covid-19 en Cuba, cuando el encierro en casa desesperaba, en el área deportiva de la Secundaria Ramón Mathieu, frente a mi casa, algún que otro grupo disparatero de muchachones se aventuraba a jugar baloncesto o fútbol. Sin embargo en esa etapa nunca encontré a un niño en la calle, ni siquiera a los más revoltosos.
La cosa empezó a relajarse en julio, con la llegada de las “fases 2 y 3”, con el “veraneo” y las ansias reprimidas por salir y compartir. Grupos de chiquillos empezaron a disfrutar del mataperreo, ese sano deporte infantil que incluye cualquier juego que conlleve ejercicio físico y cuyo requisito indispensable es que se practique en la calle.















