Ojalá encuentren aquí un pedazo de Cuba, de su alma y de su gente... un poco de Matanzas, y un poco de mí

miércoles, 14 de octubre de 2020

Lo peligroso de hacerse el sueco


Ubicado al norte de Europa, Suecia fue uno de los países que apenas limitó su actividad económica y social ante la irrupción de la Covid-19. En aquellos primeros meses Anders Tegnell, epidemiólogo jefe de la Agencia de Salud Pública de esa nación fue noticia cuando defendió el plan para enfrentar a la pandemia: facilitar el contagio libre entre la población para que desarrollara anticuerpos y así garantizar una protección colectiva.

Inmunidad de rebaño se le llama a esa metodología que parece resultar efectiva en algunas epidemias, sobre todo en aquellas menos contagiosas y mortales y criticada hasta hoy en el manejo del Sars Cov-2 por las organizaciones Mundial y Panamericana de la Salud.  

En los meses de marzo y abril de este año, cuando la mayoría de los países vivían en el confinamiento, las principales ciudades suecas no variaron mucho su cotidianidad. Bares, parques, salones de belleza y gimnasios abiertos, calles transitadas, transporte público al ciento por ciento; las escuelas de los niveles elementales continuaron sus actividades y nunca se implementó el uso obligatorio del nasobuco.

Que no nos gane el cansancio


La Covid-19 nos tiene hasta el moño. Nos ha secuestrado el 2020 completo y amenaza con seguir. Tantos planes pospuestos, cumpleaños y bodas sin celebrar, abrazos y besos dejados de dar. Tantas obras detenidas y producciones sin consumar.

Meses de cuarentena, de restricciones, de no pisar la calle o hacerlo con miedo. Cansados de tanto alcohol, del olor insoportable a cloro, de las manos arrugadas por tanto lavado, del nasobuco que nos ahoga, del distanciamiento físico y social  que va en contra de lo que hemos sido siempre: seres sociales.

Cansados de los indisciplinados, de las colas, los coleros y los abusadores, de la escasez de alimentos, de la gente que solo critica y no trabaja. Hastiados de tanta información, de solo escuchar hablar de la Covid-19.

sábado, 3 de octubre de 2020

Seamos individualistas con la responsabilidad


La Habana ha flexibilizado algunas medidas que restringían la actividad de sus ciudadanos casi al mínimo y Cuba entera se ha estremecido. En las redes sociales hay mensajes de escepticismo. Lo sucedido en julio, cuando se decretó la fase 1 allí (para muchos una decisión que fue apresurada) podría repetirse; podríamos volver atrás y ser testigos de otro rebrote.

La verdad es que puede pasar. Todo dependerá de nosotros.

Los niños también mueren de Covid-19


Hace unos meses, en pleno pico de la pandemia de Covid-19 en Cuba, cuando el encierro en casa desesperaba, en el área deportiva de la Secundaria Ramón Mathieu, frente a mi casa, algún que otro grupo disparatero de muchachones se aventuraba a jugar baloncesto o fútbol. Sin embargo en esa etapa nunca encontré a un niño en la calle, ni siquiera a los más revoltosos.

La cosa empezó a relajarse en julio, con la llegada de las “fases 2 y 3”, con el “veraneo” y las ansias reprimidas por salir y compartir. Grupos de chiquillos empezaron a disfrutar del mataperreo, ese sano deporte infantil que incluye cualquier juego que conlleve ejercicio físico y cuyo requisito indispensable es que se practique en la calle.