Un amigo me comentaba con tristeza hace unos días como cada vez más se pierde la costumbre de compartir y se fomenta, por desgracia, el egoísmo entre nuestros niños.
Me contó que cuando era pequeño siempre andaba con una retahíla de chiquillos, pero que nunca su mamá les negó un plato de comida o un pan con algo cuando les cogía la hora de almuerzo o merienda en su casa.
Lo que había se compartía entre todos, porque ella decía que “donde comen dos, comen tres, y donde comen tres, comen cuatro”.
Hoy la gente es más reacia a compartir la mesa, el pan o la casa. Poco a poco, incluso entre familias, se pierde la costumbre de hacer visitas y ni hablar de pegar la gorra.
Ojalá encuentren aquí un pedazo de Cuba, de su alma y de su gente... un poco de Matanzas, y un poco de mí
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lunes, 3 de septiembre de 2012
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