Todos los cubanos coincidimos en que para llevar adelante todas las transformaciones en lo social y lo económico, tenemos primero que cambiar la mentalidad. El reclamo se repite casi a diario, pero a veces queda solo en el marco cerrado de una asamblea o en el comentario de una periodista. Afuera, en la calle, en la producción, en los servicios, en los sistemas de atención a la población, en el campo y en la ciudad, detrás de un buró o del timón, en las recepciones, en los comercios, en el barrio y hasta en las reuniones, la inercia es dueña y señora.