Confieso que nunca me senté a escuchar un disco de Sara González, sin embargo, cuando por azar la oía en la radio o la televisión no podía menos que admirar esa voz cristalina y fuerte, para mí la mejor de la nueva trova cubana.
Sin haber tenido nunca el privilegio de oírla en vivo, sentía hacia Sara una empatía que trascendía el marco de su imagen artística y se concentraba tal vez en su alma, en esa sencillez que transmitía con sus ojos y sus toscos gestos o en su valentía por amar a una mujer.
Ojalá encuentren aquí un pedazo de Cuba, de su alma y de su gente... un poco de Matanzas, y un poco de mí
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jueves, 2 de febrero de 2012
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