Si los seres humanos olvidáramos menos, el mundo sería un lugar mejor. Si quedaran en nuestra memoria los horrores de antaño o si se pudiera heredar el odio a las guerras que pasaron, tal vez la paz dejaría de ser un sueño.
Al repasar la historia de la humanidad, duele entender que hemos estado en guerra casi desde que nacimos como especie. Las guerras son una consecuencia lógica de la competencia, de la lucha por los recursos y los territorios.
