Este pequeñito corre inocente debajo de la avioneta inmensa a la entrada del museo de Girón. Choca con la hélice y se lleva la manito a la cabeza, adolorido. Hace una mueca, parece que va a llorrar; pero al instante echa a andar de nuevo. Ignora que donde hoy corre travieso y reina la paz, por 72 horas las balas y la pólvora fueron dueñas y señoras... Él juguetea feliz, disfruta de la tranquilidad, de ser niño... Su mamá le corre detrás: !muchacho, sal de ahí! El pequeñito no le hace caso, !esa avioneta grande solo puede ser para jugar! ¿Para qué otra cosa iba a ser? !A que no me coges, mamita!, y los dejo a ambos en esa guerra cotidiana, él escabulléndose por debajo de la avioneta y ella detrás...
Ojalá encuentren aquí un pedazo de Cuba, de su alma y de su gente... un poco de Matanzas, y un poco de mí
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jueves, 24 de abril de 2014
lunes, 9 de septiembre de 2013
Obama, el camorrista
Cuando Barack Obama llegó al poder tras el fiasco en Irak de su antecesor George W. Bush, muchas personas dentro de los Estados Unidos y en el mundo entero cifraron sus esperanzas de prosperidad y paz en él.
No solo era el primer presidente negro de su país, sino que poseía una inteligencia probada. Pero Obama solo ha repetido la misma fórmula de los anteriores inquilinos de la Casa Blanca, aunque de una manera más refinada.
Si vamos un poco atrás, a sus primeros años como gobernante del imperio, podemos constatar cuánto se dilataron en el tiempo o quedaron incumplidas sus promesas de dar por terminadas costosas guerras o de cerrar bases navales norteamericanas diseminadas por los más remotos rincones del planeta.
No solo era el primer presidente negro de su país, sino que poseía una inteligencia probada. Pero Obama solo ha repetido la misma fórmula de los anteriores inquilinos de la Casa Blanca, aunque de una manera más refinada.
Si vamos un poco atrás, a sus primeros años como gobernante del imperio, podemos constatar cuánto se dilataron en el tiempo o quedaron incumplidas sus promesas de dar por terminadas costosas guerras o de cerrar bases navales norteamericanas diseminadas por los más remotos rincones del planeta.
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lunes, 21 de marzo de 2011
Las guerras que olvidamos
Si los seres humanos olvidáramos menos, el mundo sería un lugar mejor. Si quedaran en nuestra memoria los horrores de antaño o si se pudiera heredar el odio a las guerras que pasaron, tal vez la paz dejaría de ser un sueño.
Al repasar la historia de la humanidad, duele entender que hemos estado en guerra casi desde que nacimos como especie. Las guerras son una consecuencia lógica de la competencia, de la lucha por los recursos y los territorios.
Al repasar la historia de la humanidad, duele entender que hemos estado en guerra casi desde que nacimos como especie. Las guerras son una consecuencia lógica de la competencia, de la lucha por los recursos y los territorios.
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