Un amigo me reclama porque no escribo en mi blog hace un ratico. Le aseguro que no es por falta de ganas, sino de tiempo, o quizás porque ahora tengo competencia en esto de postear en la misma casa y con la misma computadora.
Desde que ayudé a César a abrir su blog la cosa está complicada con mi tiempo de máquina. Apenas me deja trabajar, entre escribir y jugar. Y cuando le exijo un poco me recuerda que esta es su pc, que la mía está rota, que él me la presta, pero que no le meta el pie. ¿Y qué voy a hacer?
Pues dejar que César juegue, que escriba... y yo hacer... lo que se pueda.
No voy a escribir, amigo que reclama, pero comparto contigo este post que escribió mi hijo por el día de las madres.
!Qué seríamos sin las madres!
Ojalá encuentren aquí un pedazo de Cuba, de su alma y de su gente... un poco de Matanzas, y un poco de mí
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viernes, 15 de mayo de 2015
martes, 12 de agosto de 2014
Lactar no es tan sencillo como lo pintan
La televisión incita a la lactancia materna a través de mensajes que muestran imágenes de madres felices con pechos exuberantes que dan de lactar a sus hijos hermosos y redonditos.Pero vista solo así y expuestas las ventajas de la lactancia materna, que son muchas y verdaderas, parecería que dar el pecho es una tarea sencilla y siempre gratificante.
Sin embargo la lactancia materna tiene otra cara más fea, que solo descubren quienes la practican por unos meses o se extienden por más de un año.
lunes, 26 de noviembre de 2012
Cuando los hijos echan a volar
Aunque aún faltan unos cuantos años para que mi pequeño de 9 años eche a volar definitivamente, este fin de semana recibí una probadita de ese sentimiento desgarrador de pérdida que sienten las madres cuando los hijos crecen y se van del hogar.
Cuando Odania, la instructora de Pintura de César, me pidió que le diera permiso para ir con otros niños del taller a la premiación del concurso Sembrando Cariño en la ciudad de La Habana, mi idea fue decirle que no.
No es la primera vez que él iba a la capital con ella, pero para quedarse a dormir, ¡ya esos eran otros cuarenta pesos!
Cuando Odania, la instructora de Pintura de César, me pidió que le diera permiso para ir con otros niños del taller a la premiación del concurso Sembrando Cariño en la ciudad de La Habana, mi idea fue decirle que no.
No es la primera vez que él iba a la capital con ella, pero para quedarse a dormir, ¡ya esos eran otros cuarenta pesos!
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