Aunque aún faltan unos cuantos años para que mi pequeño de 9 años eche a volar definitivamente, este fin de semana recibí una probadita de ese sentimiento desgarrador de pérdida que sienten las madres cuando los hijos crecen y se van del hogar.
Cuando Odania, la instructora de Pintura de César, me pidió que le diera permiso para ir con otros niños del taller a la premiación del concurso Sembrando Cariño en la ciudad de La Habana, mi idea fue decirle que no.
No es la primera vez que él iba a la capital con ella, pero para quedarse a dormir, ¡ya esos eran otros cuarenta pesos!
Ojalá encuentren aquí un pedazo de Cuba, de su alma y de su gente... un poco de Matanzas, y un poco de mí
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lunes, 26 de noviembre de 2012
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