Rachel Egües Rodríguez tenía solo cuatro años cuando aprendió a leer casi solita. Su mamá pensó que con el tiempo la niña, como sucede con quienes se adelantan demasiado, se aburriría de los libros.
Pero ha pasado todo lo contrario. Con siete años ahora, sin levantar aún una cuarta del suelo, la pequeñita de tez trigueña, ojos muy vivos y pelo rizado es una adicta a la lectura.
Rachel, quien reside en el municipio de Los Arabos y asiste al segundo grado en la escuela primaria Camilo Cienfuegos, no puede pasar un día sin leer.
La pequeña habla despacito, casi como si deletreara cada palabra, con una dicción perfecta y un poquito de esa ñoñería que los padres se empeñan en cultivar.
Ojalá encuentren aquí un pedazo de Cuba, de su alma y de su gente... un poco de Matanzas, y un poco de mí
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viernes, 4 de abril de 2014
lunes, 10 de marzo de 2014
Los libros y el salario
Hay libros que caben en un bolsillo y libros que te desfondan el bolsillo, o al menos, te lo dejan bastante maltrecho.
Cuando los ecos de la Feria del Libro recién concluida aún desandan Cuba, muchos cubanos nos dolemos de no haber podido adquirir todos los textos que queríamos.
Uno da vueltas por los stands y descubre uno tras otros libros que quisiera tener. Este, aquel, el de más allá… los coges en la mano… pero después aparece ese que estaba perdido y cuando te das cuenta ya no te alcanza el dinero.
Cuando los ecos de la Feria del Libro recién concluida aún desandan Cuba, muchos cubanos nos dolemos de no haber podido adquirir todos los textos que queríamos.
Uno da vueltas por los stands y descubre uno tras otros libros que quisiera tener. Este, aquel, el de más allá… los coges en la mano… pero después aparece ese que estaba perdido y cuando te das cuenta ya no te alcanza el dinero.
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