Mientras escribo estas líneas tengo a Gabriel García Márquez a la vista. Volteo a la derecha y su nombre resalta en los lomos de varios libros: "El amor en los tiempos del cólera", “Todos los cuentos de Gabriel García Márquez”, "Vivir para contarla", “El otoño del patriarca”, "Del amor y otros demonios"...
Un poco más allá está una edición nueva de "Cien años de Soledad". La compré para leerla de nuevo y siempre lo estoy posponiendo para cuando pueda saborearla de verdad. Es que hace falta tiempo para entrar a Macondo y descubrir cuánta magia y compañía pueden haber en el olvido.
Me volteo y Gabriel García Márquez está en mi cuarto. ¿Por qué siguen repitiendo que murió?
Ojalá encuentren aquí un pedazo de Cuba, de su alma y de su gente... un poco de Matanzas, y un poco de mí
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jueves, 17 de abril de 2014
viernes, 4 de abril de 2014
Rachel: una niña de 7 años adicta a la lectura
Rachel Egües Rodríguez tenía solo cuatro años cuando aprendió a leer casi solita. Su mamá pensó que con el tiempo la niña, como sucede con quienes se adelantan demasiado, se aburriría de los libros.
Pero ha pasado todo lo contrario. Con siete años ahora, sin levantar aún una cuarta del suelo, la pequeñita de tez trigueña, ojos muy vivos y pelo rizado es una adicta a la lectura.
Rachel, quien reside en el municipio de Los Arabos y asiste al segundo grado en la escuela primaria Camilo Cienfuegos, no puede pasar un día sin leer.
La pequeña habla despacito, casi como si deletreara cada palabra, con una dicción perfecta y un poquito de esa ñoñería que los padres se empeñan en cultivar.
Pero ha pasado todo lo contrario. Con siete años ahora, sin levantar aún una cuarta del suelo, la pequeñita de tez trigueña, ojos muy vivos y pelo rizado es una adicta a la lectura.
Rachel, quien reside en el municipio de Los Arabos y asiste al segundo grado en la escuela primaria Camilo Cienfuegos, no puede pasar un día sin leer.
La pequeña habla despacito, casi como si deletreara cada palabra, con una dicción perfecta y un poquito de esa ñoñería que los padres se empeñan en cultivar.
miércoles, 26 de febrero de 2014
Chamaquili, el niño que debe crecer (+ Poema)
| Seis de los Chamaquilis... |
Pero no es este dúo armónico de autor e ilustrador lo que hacen especial a Chamaquili, un volumen que entrega en esta Feria del Libro 2014 su octava propuesta: ¿Qué me cuentas, Chamaquili?
Chamaquili es especial porque logra captar la esencia del ser niño, porque usa y juega con el lenguaje propio de las edades tempranas; con las costumbres, las explicaciones y los sueños infantiles. Encanta porque son libros sencillos, llenos de ingenuidades, de esas lógicas simples que solo saben hallar los niños, antes de crecer y comenzar a complicarse la vida.
jueves, 25 de febrero de 2010
Satisfacciones de la Feria
Por: Yirmara Torres Hernández
Hace unos años gastaba mucho dinero, casi todo el que me daban mis padres para estudiar en La Habana, en libros. Las librerías de Casa de las Américas, la UNEAC y las muchas de volúmenes viejos que hay en la capital cubana eran mis sitios favoritos.
Y en las Ferias del Libro me afilaba los dientes e igual me quedaba sin un kilo. Pero desde hace cinco años ya no busco libros para mí. Ahora mi mayor satisfacción es comprarlos para mi hijo.
Él solo tiene seis años, y aún está aprendiendo a leer. Pero desde que no sabía hablar le empecé a guardar libros, y así, en todas las ferias hasta ahora he logrado conformarle una pequeña biblioteca, la que hubiera querido para mí de pequeña.
No es que yo no tuviera libros en mi infancia. Mis padres me compraron bastante, porque en la década de los 80 los había en todas las librerías y eran baratos. Pero para mí nunca eran suficientes.
Y para colmo mi mamá los fue regalando a medida que fui creciendo y apenas pude conservar unos cuantos. Y si algo nunca me ha gustado prestar ni regalar son mis libros. ¡Las peleas con ella por darlos eran campales!
Por eso al tener mi hijo tuve que empezar de cero. Pero aún así no faltan La Edad de Oro, el Principito, Había una Vez, las tres ediciones anteriores de Chamaquili (esos libros preciosos de Alexis Díaz Pimienta), Oros Viejos, La Flauta Mágica, el Cochero Azul, Las Cartas de Martí a María Mantilla, los Cuentos de los Hermanos Grim…
La lista es larga, y gastaría cinco o seis párrafos para mencionarlos todos.
Pero no es tener los títulos lo que me llena, ni ir a la Feria del Libro, esa fiesta maravillosa que llega todos los años por estos días de febrero a Matanzas y me coge siempre sin mucho dinero, sino saber que le estoy dando a mi pequeño la oportunidad de ser una persona culta.
Pero por ahora, en lo que crece y va aprendiendo, lo que más satisfacción me da es que con apenas seis años, César se acuesta a leer, y devora unos, dos, tres y hasta cuatro libritos de un tirón. ¡Y eso que no ha terminado de aprender todas las letras oficialmente en su escuela!
La Feria nos da miles de satisfacciones, pero para mí no hay otra mayor que saber que mi hijo ya ama la lectura.
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