La muerte nos sacude cuando nos toca muy de cerquita. Murió uno
de mis cuatro abuelos: Birule.
Dirán que la vida es así, que ya era
tiempo, que tenía 93 años, que disfrutó de la vida, que la vivió a su
ritmo. Pero igual, duele.
No se llamaba Birule, sino Bartolo
Hernández, pero en el batey del Kilómetro 8 de la carretera a Arroyos de
Mantua, en Pinar del Río, donde vivió toda su vida, y donde casi todos
eran familia suya por alguna parte, nadie sabía su nombre verdadero.
Ojalá encuentren aquí un pedazo de Cuba, de su alma y de su gente... un poco de Matanzas, y un poco de mí
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lunes, 28 de septiembre de 2015
lunes, 20 de febrero de 2012
Juego de las Estrellas, un regalo para abuelo Juan
Mi abuelo Juan Torres, el impedido físico que jamás ha podido soltar los ariques de guajiro, que solo se quita el sombrero para comer y dormir, cumplió este 19 de febrero 90 años.
Mi abuelo está vivo de milagro. Y tal vez los médicos que lo salvaron del derrame cerebral hace casi 40 años, que le hicieron la traqueotomía y lo tuvieron internado por más de tres meses entre la vida y la muerte, no crean que Juan Torres pueda estar vivo.
Pero mi abuelo Juan no solo sobrevivió, sino que se rehabilitó y volvió a su finca La Esperanza en Cuatro Esquinas, Los Arabos, e hizo una vida normal.
Mi abuelo está vivo de milagro. Y tal vez los médicos que lo salvaron del derrame cerebral hace casi 40 años, que le hicieron la traqueotomía y lo tuvieron internado por más de tres meses entre la vida y la muerte, no crean que Juan Torres pueda estar vivo.
Pero mi abuelo Juan no solo sobrevivió, sino que se rehabilitó y volvió a su finca La Esperanza en Cuatro Esquinas, Los Arabos, e hizo una vida normal.
miércoles, 12 de mayo de 2010
Ser campesino es amar el campo
Mi abuelo es y será siempre campesino aunque hace 20 años viva en la ciudad, el mismo tiempo que lleva sin tocar una guataca ni arar la tierra o atender a sus animales.
Ahora tiene 88 años, pero cuando mi papá quiso entonces que él y mi abuela se mudaran para Colón porque ya estaban muy viejos para vivir solos en su finca, yo pensé que se iba a morir de tristeza.
Porque mi abuelo Juan siempre vivió en el campo, respirando desde la madrugada ese olor a tierra húmeda y yerbas recién lavadas que no se encuentran en otra parte.
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