Ojalá encuentren aquí un pedazo de Cuba, de su alma y de su gente... un poco de Matanzas, y un poco de mí
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sábado, 18 de mayo de 2013

La niña campesina que nunca me abandona

Yo me crié en el campo. Y cuando digo campo, es campo campo. Los primeros cinco años de mi vida fui una niña “cerrera”, como diría mi abuela; de esas que no quieren saludar a las visitas y les hacen pasar mil penas a sus padres cuando les sacan a pasear.

Mis contactos humanos más constantes eran mis abuelos paternos, ambos campesinos, que no habían llegado al sexto grado ninguno de los dos. Eso sí, con una educación, corrección al hablar, modales y sabiduría que ya querrían tener muchos de los universitarios de hoy.

Crecí en una finca cercada de piña de ratón y repleta de todos los sueños que un niño puede desear: La Esperanza, la finca de mi abuelo Juan; en una casa de tablas con techo de cartón negro, que cuando hacía mucho calor no había quien estuviera debajo.

martes, 17 de mayo de 2011

Añoranza por el campo

La familia de mi abuelo: abuela, papi, tío, hermano y mi hijo
Yo crecí en el campo y quisiera morir en el campo. A veces me siento como el animal en cautiverio que sacaron de la selva, y que solo espera el momento oportuno para escapar y volver a su estado natural.

Los mejores años de mi vida transcurrieron en el campo, en una casa de tablas de palma y techo de cartón negro, donde no había lujos, pero si libertad y aire puro.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Ser campesino es amar el campo


  Mi abuelo es y será siempre campesino aunque hace 20 años viva en la ciudad, el mismo tiempo que lleva sin tocar una guataca ni arar la tierra o atender a sus animales.

   Ahora tiene 88 años, pero cuando mi papá quiso entonces que él y mi abuela se mudaran para Colón porque ya estaban muy viejos para vivir solos en su finca, yo pensé que se iba a morir de tristeza.

  Porque mi abuelo Juan siempre vivió en el campo, respirando desde la madrugada ese olor a tierra húmeda y yerbas recién lavadas que no se encuentran en otra parte.