Autores: Grupo Primer año de Periodismo.
Universidad de Matanzas
En las últimas temporadas el sueño de
todo caldero en la cocina de la familia cubana, lejos de ser el clásico cerdo,
reservado para las despedidas de año, es la escurridiza papa. Por eso cuando las
autoridades de la agricultura anunciaron con bombo y platillo el posible sobrecumplimiento
de la monarca ausente de nuestros fogones, a los cubanos se nos hizo la boca
agua.
Solo que cuando al fin la papa llegó, echó
por tierra nuestros apetitos con excusas que llegaron por diferentes vías: “la
semilla nacional no rinde igual”, “la producción no alcanza para toda la nación”,
“hay que priorizar a la capital”, “en el interior del país no hay condiciones
para almacenar en frío, “hay que racionarla”.



