Ojalá encuentren aquí un pedazo de Cuba, de su alma y de su gente... un poco de Matanzas, y un poco de mí
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miércoles, 14 de mayo de 2014

Los niños malos de mi barrio

La foto es de otro barrio, en  Cuba muchos barrios se parecen...
En mi barrio hay niños malos. Andan en la calle, a veces descalzos; arman un juego de fútbol o de béisbol en cualquier lugar, obstruyen el paso de los autos; cuando los mayores les requieren les faltan el respeto, gritan a todo pecho y si la pelota se les va, traspasan rejas e invaden espacios particulares para buscarlas.

Esos niños se van lejos de sus casas, arman broncas con otros niños y se hacen los guapos. A veces son las 9 de la noche y siguen jugando, sin bañarse y sin comer, hasta que sus padres salen a vocearles y se recogen.

martes, 6 de mayo de 2014

La pelota en predios del periodismo

"... exaltar los valores lúdicos del béisbol", dijo Joel García León
El periodismo deportivo tiene el compromiso de rescatar los mejores valores del béisbol cubano y contribuir a devolver al deporte nacional el sentido del juego sano, sin fanatismos ciegos ni violencia, donde lo más importante sea divertirse y brindar al pueblo momentos de alegría.

Más o menos estas fueron algunas de las conclusiones a las que llegaron profesionales de la prensa de la provincia de Matanzas, reunidos este lunes en la segunda edición de la peña deportiva El otro Play Off, que auspiciada por la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), tuvo como objetivo dialogar sobre la ética y la responsabilidad social del periodismo.

martes, 9 de noviembre de 2010

Desafortunadamente, la gente rara o en peligro de extinción

Si llegas adonde sea y saludas, das el asiento en la guagua a la embarazada, eres amable, atiendes bien igual a quien tiene que a quien no, ayudas a los otros, respetas y te preocupas por los demás, la gente te mira extraño.

Te ven como a un bicho raro, y no se explican cómo en este siglo queda gente así.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Cuba no es perfecta, pero tratamos: sobre los derechos humanos en Cuba


Todos los días mi hijo de seis años va a la escuela, una escuela que para él es la más bonita del mundo. Tiene su uniforme, sus libros, sus lápices y una maestra a la que adora.
Ahora está aprendiendo a leer y a escribir, como lo hacen en Cuba decenas de miles de niños de esa edad. Y si alfabetizarse no es un derecho humano, entonces no sé que serán los derechos humanos.
Mi hijo fue operado de una malformación a los dos años de edad y no me costó un centavo, como tampoco me han costado los aerosoles por el asma, y las vacunas que se ha puesto desde que nació.
Mi hijo, un poco precoz, ya sueña con la universidad y me dice que quiere estudiar en la de Matanzas porque no puede estar un día sin ver mi cara. Y esa Universidad tampoco me costará un kilo.
Son esos poquitos, que no vemos por cotidianos, los derechos humanos de los que disfrutamos los cubanos, aunque personajes incultos y dolidos desde el otro lado y desde la vida fácil quieran hacer ver que aquí no se respetan.
Puede que en la prisa de la cotidianeidad, en medio de tanto trabajo y tan enormes anhelos se violen algunos, no lo discuto. Cuba no es perfecta, ni pretende serlo. Tratamos de construir un sistema donde el bien del hombre sea la razón máxima de su existencia.
Pero nuestros derechos humanos, los que de verdad son importantes están ahí, a la vista, pasando inadvertidos entre la gente común. Son ese vecino invidente que se hizo abogado, la mujer embarazada que tiene licencia y atención médica de primera garantizada, los abuelos que practican deporte en el parque más cercano.
Nuestros derechos humanos están en calles y centros nocturnos sin violencia, en las escuelas en la montaña aunque haya un solo alumno, en los transplantes de órganos y operaciones más difíciles que solo cuestan las gracias.
Están en la educación especial desde los primeros grados hasta los últimos, en las instituciones de la cultura y en el deporte. Nuestros derechos humanos están en los ojos francos y alegres de los niños, jóvenes y ancianos de esta tierra.
Dicen que siempre el que busca, encuentra; y que casi siempre las manchas no dejan ver la luz. Pero no vale la pena ponerse a “buscarle las cinco patas al gato”, o “la pelusa de la recontrapelusa” como hacen los enemigos de la Revolución.
Los derechos humanos básicos aquí son sagrados, y nadie, por mucha ceguera mental que tenga, podrá decir lo contrario. La Cuba que respeta los derechos humanos está aquí, a la vista de todos y abierta al mundo.
Basta con mirar para el lado para encontrar el respeto de esta tierra por los derechos de los hombres.